domingo, 2 de octubre de 2011

¿Qué haríamos sin esas musas?


Hoy no hay musas susurrándome al oído, ni inspiración resonando por cada rincón.
Delante de un espacio en blanco intentando exprimir cualquier idea que se me ocurra. Pero no es lo mismo. Cuando la inspiración viene sola, el relato se compone fluido y con armonía. Forzar la inspiración sólo corrompe las palabras, obligándolas a expresar lo que no deben.
El propio escritor se siente mal, su obra no le satisface, y ese sentimiento se refleja en la lectura, un tiempo en el que te esfuerzas por encontrar sentido a cosas que no lo tienen.
Por todo esto, los días sin la guía de las musas nos descubren nuestros límites. Son días frustrantes y antiproducentes.
Pero al final, el errar hace que apreciemos de veras la labor de esas musas, guardianas del arte y compañeras melancólicas de todo artista.
Adelante, hazme daño. Siempre he pensado que la sensibilidad es para los que se niegan a ver la realidad. Nuestra vida puede ir bien o puede ir mal, pero ocultar las desgracias "para que no duelan" es una soberana idiotez.

Me cansé de tener que andar con pies de plomo cada vez que a alguien le subía el nivel de hormonas en sangre. Si queréis jugar a ser muñecos de porcelana mejor buscad otro sitio.

No me gusta hacer daño, es más, a la única gente con la que hablo sinceramente desde mi forma de ser más verdadera, es a la que menos quiero que hagan daño. Hacer que lo malo no existe acaba por pasar factura, aprender a asumirlo y luego ignorar poco a poco su cada vez más débil ponzoña es lo que de verdad surte efecto.

No podemos estar toda la vida acolchados contra los golpes.  ;)

lunes, 26 de septiembre de 2011

Who I am.


¿Has oído alguna vez unos acordes suaves, que llenan de nostalgia a quien lo escucha y a la vez te hacen sonreír? 
Una melodía que despierta tantas emociones, sencilla y compleja a la vez. Aclara mis dudas y en cierto modo me inspira. 

Soy joven. Pero intento (me esfuerzo) en pensar como algo más. Peco de insensibilidad, aunque según otros soy totalmente lo contrario. No me gusta que la gente se obsesione con lo malo, es autodestructivo e inútil, los errores siempre están ahí, lo mejor que puedes hacer es pasar a lo bueno. 
En lo referente al amor, (esa cosa que es la base de todo culebrón/vida de instituto) nulidad. Me parece algo ridículo que gente de mi edad hable de... "te querré para siempre" las excepciones se cuentan con ... los ojos de la cara. No soy de aquellos que están deseando encontrar a alguien, si tiene que llegar ya nos encontraremos. 

Puedo definirme en pasividad total con algunas cosas, pero no en todas. Creo que soy una persona en la que se puede confiar, la gente tiende a decirme cosas (que ni pregunto) y siempre estaré ahí para escucharlas. Si alguien demuestra esa confianza, ¿quién soy yo para romperla? 

Busco una visión del mundo exenta de tonterías innecesarias, busco un poco de luz objetiva en este mundo de sentimientos (aunque me guste retratar dichos sentimientos). Quería decir a los que me conocen hoy por hoy, 26 de Septiembre de 2011, que aún me estoy construyendo. No me gusta la pasividad, quiero ser como sé que puedo ser, no sólo ese Héctor que seré según mis acciones. 

En lo referente a mi actitud con la sociedad... algunas personas me dicen que cuando se me pregunta, soy demasiado sincero. Que quede claro que me gusta criticar, pero de una manera razonada, lógica y constructiva, no en forma de puñaladas por la espalda. En los grupos siempre doy mi opinión, pero no intento que se imponga ante el resto... dicho sea de paso opino que tengo dotes de liderazgo NULAS. 

Me gusta ser reservado y tener mi tiempo de soledad (que en este caso desearía que fuesen 3/4 del día). No me abro mucho a la gente, incluso mis amigos más cercanos pueden no saber muchas cosas sobre mí, supongo que les dejo saber hasta cierto punto (de forma totalmente subconsciente). Si algún día os cuento algo que parezca muy personal... ¡pensad que estoy dando un gran paso con vosotros!


Poco más que decir. Un feliz otoño a todos, y dentro de poco un año más para un servidor =3

martes, 13 de septiembre de 2011

Divagación en un mar de tonos otoñales.



Hoy quizás haya pensado en dejar de existir mientras exista. Olvidarme de los problemas, ser nada y algo al mismo tiempo, pensar en todo y no pensar.
¿Por qué no? Hay gente que deja sus esperanzas en amores que no han llegado, invisibles o incluso imaginarios. Hay gente que no tiene esperanzas, o que las dan por perdidas.
¿No puedo tenerlo todo y a la vez no tener nada? Me da miedo adelantarme y sufrir, me da miedo quedarme y no vivir.
Ha de ser todo blanco y negro, eso dicen. Lo dicen los que siempre han tenido una cosa u otra, para ellos el gris es algo injusto, pues hubiesen deseado apreciarlo.
El egoísmo ahoga mis pensamientos y cada vez soy menos fuerte... cada vez menos fuerte.


Debe ser porque yo tengo una gama de colores muy reducida en mi vida... Todo se basa en una continuidad horrible.
A lo mejor es que ambos basamos nuestros pensamientos en pequeños matices demasiado descoloridos o muy coloreados... quién sabe.
A lo mejor algún día vamos andando por la calle y nos topamos con un muro de colores, contra el cual chocamos, y nos damos cuenta de que hay más de dos malditos colores en nuestra vida.


Hoy por hoy, veo ese muro de colores como el amante que nunca regresa después de una noche de ensueño. Lo vi una vez, pero ahora se niega a volver. ¿Sabe que me encuentro mal? ¿Lo sabe y aún así no regresa? Es egoísta mi pensamiento y de ahí nace mi desesperación.
Me hace agonizar mi propio miedo a agonizar, todo se reduce al temor de temer. Una mano que nos saque de esa espiral viciosa y decadente, una mano que una vez nos tendieron y tomamos pero que ahora no está ahí. No me gusta pensar que todo se acaba con tanta facilidad, no me gusta saber que he de depender. ¿Y a ti?

¿Sabes? Lo que yo sentía por la vida, el amor, la esperanza en sí... Desapareció hace mucho.
Esas manos que antes me sostenían fuertes entre sus dedos, esos brazos que me amarraban, me juntaban contra un cuerpo cálido en el que podía confiar, han desaparecido.
Así que se podría decir que en mí ya no existe ese miedo.
¿Y sabes? Creo que no lo echo de menos =)


Tú estás acostumbrada, te adaptaste a la marejada, a los contratiempos. Para mi es algo reciente, reciente pero igual de fuerte. Desgarra con facilidad mi oposición y ya no sé cicatrizar lo malo como antes. 
Despreocupado y feliz, no pensaba que podía acabar. Yo sí tengo miedo, un miedo que está ahí. No es explicable y lo hace peor. Añoro las manos que pueden rescatarme, pero ahora no hay rescates, sólo temporales.
Veo un atisbo de sol entre las nubes, pero me parece indiferente luchar por alcanzarlo aún cuando quiero olvidar todo esto.
Mi mente juega en dos bandos distintos y no se pone de acuerdo.


...Obliga a tu mente ser uno mismo.
Sin una unidad... No hay nada



Bueno, con la colaboración de Sara Villena, he redactado esta reflexión. Carente de principio o final coherente es un simple reflejo más del océano incierto de pensamientos que pueden abarcar dos mentes ociosas.
2ª parte de la historia. He colocado a esta trama la etiqueta "Nocturne", por lo que si queréis leerla seguida, a la derecha de la pantalla veréis un apartado con el mismo nombre dónde indica el número de entradas.

>>
Aquel día, el señor Leavitt y su hija salieron temprano a dar un paseo. El otoño estaba bien avanzado, pero a pesar de la fría brisa que corría por el valle, el cálido abrazo del sol reconfortaba al cuerpo.
Padre e hija, cogidos de la mano y caminando por un sendero de tierra. De vez en cuando se cruzaban con algún aldeano o granjero. Saludaban con una amable sonrisa y seguían su camino.

- Padre, ¿por qué la gente es amable? Dijo la niña.

Aquella pregunta dejó dubitativo al hombre durante un momento.

- Bueno ... ¿Qué clase de pregunta es esa, Camyl?
- ¡No me llames Camyl, padre! Madre siempre me dice que ese nombre es muy antiguo, que es para gente anciana.
- ¿Cómo te llamo entonces? Dijo el padre con una sonrisa.
- Cam. Cam es más bonito, eso dice madre. La inocencia de la mirada de la pequeña, sus palabras sinceras...

Otra sonrisa se dibujó en su rostro, y acariciando el sedoso pelo de la niña la cogió en brazos.

-
Pues te llamaré Cam si te gusta más, ¿de acuerdo? 

La niña asintió satisfecha y dejó que su padre cargase con ella. Era pequeña para darse cuenta, pero al menos su padre había esquivado la pregunta tan delicada que había hecho. 



>> Abrí los ojos lentamente, me levanté del suelo y cogí el candil. El aceite se había esparcido por la alfombra, pero por suerte no había prendido.
¿Me había desmayado? La cabeza no hacía más que dar vueltas. Me apoyé en lo que tenía delante, levanté la mirada y entonces recordé que estaba a punto de hacer.

Dejé con cuidado el candil en el suelo y empujé de nuevo la estantería. La madera crujió y los polvorientos libros cayeron al suelo, levantado a su vez una polvareda que me hizo toser con fuerza. Cuando la nube de polvo se esparció, pude contemplar como aquel rastro de sangre se introducía por un agujero que había detrás del mueble.
El corazón me iba a estallar, mis manos temblaban y no era capaz de controlar el sudor frío que me bajaba por la frente. Miedo, da igual que lo negase, tenía miedo. Iba a coger la maldita linterna y a salir de ahí, cuando oí por el pasillo unos pasos y gruñidos.

Instintivamente apagué la luz del candil y me metí en el agujero a oscuras. Me acurruqué contra la pared. Los pasos se detuvieron, supuse que en la puerta. Deseé con todas mis fuerzas que no se acercase más, fuese lo que fuese. Los pasos se alejaron por el pasillo, el eco sonaba cada vez más distante y débil hasta que se extinguió.

Miré el candil en la penumbra. Ahora tendría que ir a oscuras. Dejé caer el brazo con desánimo y reparé en que tenía algo en el bolsillo. Introduje la mano, parecían dos trozos de una piedra áspera. En ese momento, dejé volar a mi optimismo. ¿Y si era yesca?
Coloqué el candil entre mis piernas, a tientas busqué la tapadera y la quité. Introduje los dedos y busqué la pequeña mecha de lienzo. El trabajo a oscuras resultó pesado y largo, pero tras varios intentos, conseguí que las chispas surgiesen. El lienzo empapado en aceite prendió, mi vista no se apartó de la linterna, terminé de colocar todo y me levanté.
Entonces fue cuando deseé haber permanecido a oscuras.